Castralba no aparece en ningún mapa turístico. Hay lugares que es mejor dejar que sigan pudriéndose solos. Está muerto, lleva muerto mucho tiempo y bien muerto está. Cada verano, sin embargo, hay alguien que llega con preguntas y ganas de desenterrar miserias. Cada verano, el Hombre Tranquilo espera, puntual, a que todo comience de nuevo, porque sabe que esta historia ya se ha escrito muchas veces. Mientras las luminarias se preparan y la cencerrada vuelve a sonar en la noche, Castralba se abre como una herida vieja: un lugar donde el silencio es más amenaza que ausencia, y donde nadie puede distinguir ya entre la leyenda, la histeria colectiva y una forma de hambre mucho más antigua. En Castralba, el problema nunca ha sido que falte gente. El problema es que, de vez en cuando, vuelve la misma.