Alma puede matar con un solo susurro. Es una maga negra, aunque las calles de Salinas susurran otra cosa a su paso: «bruja». Para Silvestre, de sangre y magia verde, la vida es mucho más fácil. O eso cree Alma, aunque en realidad, hace mucho que se retiraron la palabra. Y sí, Silvestre ha regresado al pueblo después de años estudiando en París, pero las circunstancias no podrían haber sido peores. Si por ellos fuera, sus caminos no volverían a cruzarse.
Sin embargo, cuando se ven obligados a colaborar para demostrar que merecen el puesto de mago municipal, protegiendo a sus vecinos de peligros naturales y sobrenaturales, Alma y Silvestre descubrirán que los dos albergan sombras que ninguno de ellos sospechaba, y que los sentimientos que creían olvidados no están tan extintos como desearían.